[Entrevista] Ernesto Pérez Vallejo: «En mi poesía está la mayor parte de mis silencios»
Un acercamiento artístico y personal a uno de los poetas españoles más destacados de nuestros tiempos
¡Hola, lectores!
Hoy es un día especial. En más de una ocasión he mencionado que Ernesto Pérez Vallejo es no sólo de mis escritores favoritos, sino que también es de los cuatro escritores de cabecera que tengo y que —probablemente— siempre tendré. Por eso es para mí un honor que me haya concedido esta entrevista para Sexta Fórmula, ya que significa, además, un objetivo por fin cumplido, pues llevo queriendo hacerle esta entrevista desde hace años y por fin me he atrevido a dar el paso.
Ernesto tiene dos blogs y, aunque sólo uno es el que actualiza, ambos merecen ser visitados y leídos a fondo. Son los siguientes:
Sin más, los dejo con sus palabras, en la confianza de que disfruten de la lectura y sirva esta entrevista para dar a conocer un poco más acerca de la faceta personal de uno de los grandes poetas españoles contemporáneos.
Comenzaste a publicar en tiempos en que los blogs estaban en auge. ¿Qué significó para ti ese espacio virtual en tus comienzos?
Yo escribía en una libreta antes de la llegada de internet. Luego estuve en varios foros, en los cuales lo pasé bastante bien y tuve una bonita aceptación, de ahí nació el blog. Antes de la ola incluso, ya estaba yo en él. Respecto al auge pues mi única certeza era que acabaría en algún momento, tiendo a ser demasiado realista. Lo disfruté pero tampoco le di una importancia que tal vez merecía en esos momentos.
En más de una ocasión has dicho que escribes para ti mismo. ¿Qué ocurre en ese momento en que decides compartir lo íntimo con el mundo?
Bueno, eso es cierto y no lo es a su vez. En el momento que publicas, ya dejas de escribir para ti mismo. Incluso buscas cierta aceptación. Hasta puede llegar a frustrarte el no tenerla. Lo que sí es verdad, es que si nadie me leyera, yo también escribiría. O que jamás escribo pensando en gustarle a determinado público. Creo que uno se debe a sus principios en todos los aspectos, no ser tan estúpido de no moldearlos pero tampoco tan hipócrita como para cambiarlos.
Si algo caracteriza a tu escritura es que, para ti, es importante hablar de lo que te apetezca. ¿Se puede decir que la escritura para ti es una forma de libertad?
Sí se parece a la libertad. Es tu espacio. Tu mundo. Cada palabra la creas tú, así que depende de ti. Todo varía de lo que quieras plasmar porque, a veces, en la escritura también buscas que el círculo se cierre y quedarte dentro, por ejemplo, a través de la memoria. Creo que es importante no censurarse a uno mismo. Aunque ahora cualquier resbalón puede conseguir que te tachen de adjetivos que son fáciles de poner e imposibles de quitar. Pero a estas alturas es un precio asequible de pagar.
Tus textos tienen una fuerte carga sensorial y emocional. ¿Es la poesía una forma de canalizar algo que no podrías decir de otra manera?
Sí rotundo. El poeta y el hombre que soy son muy diferentes. Incluso diría que no se llevan bien. Que no se defenderían el uno al otro.
En mi vida diaria no tengo nada que ver con el poeta. El poeta es como mi yo canalla y a su vez también mi parte sensible. Es no llevar escudo pero sí una pistola, por si acaso. El hombre lleva el escudo y jamás se lo quita, porque ya no confia en la gente. Y no sabe disparar. Todo lo que escribo no lo diría. En mi poesía está la mayor parte de mis silencios.
El mar, la memoria, el deseo, la ausencia... ¿Sientes que vuelves a ciertos temas como quien regresa a casa?
Escribir muchas veces es echarle un pulso a la memoria y ganar. No es como volver a casa, es como no haberte ido. El hogar es una palabra muy amplia. Hay hogares que caben en un abrazo.
Cuando uno va cumpliendo años, la nostalgia se acentúa más. Poder hacer pactos con ella es un modo precioso de que no duela demasiado.
¿Qué lugar ocupa el cuerpo en tu poesía? Hay una honestidad erótica en tu obra que no es tan frecuente en la poesía contemporánea.
Mucho de cuerpo y mucho de alma. Cincuenta a cincuenta. Lo mejor de la belleza es cuando va acompañada de otros rasgos menos físicos. No puedo creerme que alguien se enamore de una belleza escandalosa que carezca de alma. Sin alma no hay conexión, sin conexión no hay amor. Otra cosa es que hablemos de deseo. Ahí ya es cuestión de gustos.
En otras entrevistas has comentado que tienes miedo escénico y evitas los recitales. ¿Cómo convive eso con el hecho de ser leído y reconocido por otros?
Más que miedo escénico, que también, es un sentido enorme del ridículo. Aquí, en lo de ser leído o reconocido por otro, también entra la parte de la doblez de mi persona. Como si el halago fuera para el poeta, no para mí. Sé que suena un poco absurdo y me gustaría que quedara claro que no es una cuestión de bipolaridad, pues soy muy consciente de ello. En mi círculo más personal o cerrado, no suelo hablar de lo que escribo y a estas alturas ya nadie me suele preguntar.
Me llama la atención el hecho de que muchas veces has hecho una diferenciación entre el hombre y el poeta y, sobre todo, lo antagónicos que son el uno con el otro. Sé que, como has mencionado, no es una cuestión de bipolaridad, pero, ¿alguna vez ambos convivieron en paz hasta que sugieron las rencillas, o siempre han vivido en conflicto? De ser así, ¿crees que alguna vez puedan amistarse?
Sí, recalco lo de la bipolaridad, porque es una enfermedad muy grave y muy seria. Y estoy por suerte lejos de ella.
Entre el que escribe y el que vive hay un debate interno. Tengo la total seguridad de que, si hubiera escogido vivir su vida en lugar de la mía, hubiera sido más feliz. Pero el que vive nunca ha aceptado del todo al poeta, tal vez porque en el círculo en el que crecí (no me refiero al familiar), era más importante saber dar puñetazos o tener los cojones de enfrentarte a cualquiera, que escribir un poema. Es más, creo que escribir un poema era colocar sobre uno mismo una nube extraña, que yo torpemente asocié a la vergüenza. El hombre nunca defendió al poeta, porque aceptó que su modo de atacar o resguardarse eran sus palabras. Que con alguien que jamás se paró a leer —o lo hizo pero no entendió—, era más sencillo darle la razón que perder el tiempo. El poeta opina que el hombre lo condenó a una inmerecida oscuridad. Nos aceptamos pero no nos entendemos. Supongo que ahora, simplemente, es una cuestión de reproches.
¿Cómo manejas la relación con los lectores, especialmente cuando tus textos despiertan emociones tan personales en quienes te leen?
Siempre he intentado ser cercano cuando he recibido algún mensaje o propuesta de algún lector. Creo que he respondido a todas ellas. Siempre he estado muy agradecido por las lecturas así que, qué menos que responder amablemente los mensajes.
¿Escribes con disciplina o más bien cuando llega la urgencia? ¿Tienes una rutina, un momento del día, un ritual?
Escribo sin disciplina. Mi mayor pecado es la pereza. Si tuviera un poco de constancia en lo que hago, las cosas hubieran sido diferentes. Ya no solo me refiero al tema de escribir. En general mi fuerza de voluntad es muy débil. Es posible que sea mi mayor defecto. Escribo cuando tengo necesidad. La pena es que cada vez tengo menos. No hay rutinas, ni ritual, ni un momento en concreto. Surge. Sin más.
¿Qué hace que un poema —entre los muchos que puedes escribir— merezca quedarse, ser publicado?
Acabarlo. Rara vez descarto un poema que haya conseguido terminar. Dejarlo a medias es mucho más probable. Pero si llego al final, es porque me ha gustado lo suficiente escribirlo e ir releyéndolo, así que no lo suelo descartar.
¿Corriges mucho o confías en el primer impulso?
Corrijo poco. Muy poco. Para mí lo importante es el ritmo, así que si hay algún tachón es por falta de él. Si al recitarlo en voz baja veo que no tiene música, borro. Solo ahí.
Sé que has encontrado inspiración en autores desconocidos más que en autores de renombre. De esos autores que no son tan conocidos, ¿quiénes han despertado tu interés genuino? ¿A quién —o quiénes— vuelves siempre?
No soy buen lector. Sí es cierto que siempre me ha gustado más descubrir, que recibir indicaciones. Creo que cada escritor tiene sus momentos. Ahora, por ejemplo, volver a Bukowski, escritor que me acompañó mucho hace tiempo, no me parece tan atractivo. Hay un colombiano, Efraim Medina Reyes, con el que me pasa algo similar que con Bukowski. Los libros son un poco como el amor: hay que estar en el sitio indicado en el momento correcto; si no es así, puede pasar desapercibido.
Por darte un nombre del que envidio su prosa y agilidad mental, te diría Chuck Palahniuk. Pero no como consejo. El gusto de cada uno es muy personal.
¿Qué estás leyendo ahora mismo? ¿Y qué libro reciente te ha conmovido como lector?
Ahora mismo no estoy leyendo nada. Estoy dedicando tiempo a otras aficiones. Los dos libros últimos que me han gustado bastante, han sido «El diablo a todas horas» y «La verdad sobre el caso Harry Quebert».
Han pasado varios años desde «De flotar y otros vuelos». ¿Sigues escribiendo con la misma intensidad? ¿Tienes en la mira un nuevo libro?
Escribo menos que antes. Nunca he escrito un libro desde cero. Simplemente he recopilado y le he dado el mayor sentido posible. Haría lo mismo con un nuevo libro. Recopilar los mejores textos. Tengo muchísimos sin publicar. La pregunta es, más bien, si tiene sentido el hacerlo. Yo siempre, de un modo u otro, me he alejado de las editoriales. A día de hoy no sé si tendría una acogida que valiera la pena el intentarlo otra vez. Escribo tan lejos de lo profesional que, aunque no piense en ganar dinero, tampoco estaría dispuesto a perderlo.
¿Qué es para ti la poesía hoy? ¿Ha cambiado tu definición desde que comenzaste?
La poesía es lo mismo ahora que antes, que cuando comencé. Sigo pensando que hay un gran problema en la educación escolar. Que seguir remontándose a escritores contemporáneos y cerrar ahí la criba hace que la poesía jamás avance. En cualquier caso jamás dejará de ser un gusto para una selecta minoría pero seguir anclándola a otros siglos ya pasados tiene más de sofá que de trampolín.
En «Del amor y otras lluvias» hay un detalle que no pude ignorar. En una de las escenas se nos da una revelación interesante: no existe Aitana, ni Eva ni Laura. Ninguna de esas mujeres sobre las que has escrito es real. Por la naturaleza del texto se puede entender que esta afirmación pertenece al campo de la ficción, pero no deja de ser algo llamativo, ya que para los lectores que seguimos tu trabajo desde hace años (más de una década, en mi caso), es imposible no relacionar a Ernesto con Laura. Al final, ¿Laura es real o no? ¿Ernesto inventa a sus musas o reinventa a las mujeres para convertirlas en musas?
Sobre esa parte de la ficción, ya sea de Laura u otros nombres, me han preguntado a menudo. Nada es del todo real y nada es del todo fantasía. Hubo una vez un halago —del que mi torpeza no me deja recordar su autoría— que se me quedó marcado, y eso que tengo mejor memoria para las críticas. Vino a decir esto: «Ahora estoy segura de que Laura existe, el que no sé si existe eres tú».
La poesía para ti sigue siendo la misma que antes. ¿Opinas lo mismo del amor, de las relaciones?
A la poesía durante mucho tiempo no la han dejado avanzar. Y ahora que sí que es más libre, la gente ha dejado de leer, cosa que conste que no me sorprende. Sobre el amor, tanto ahora como antes, opinar es equivocarse. Uno no deja de aprender, o de sorprenderse. Por norma general, las personas tendemos a decepcionar, el amor es el que disculpa la decepción y avanza a pesar de ella. Querer, incluso amar, es sencillo, es inercia, lo jodidamente complicado es hacerlo bien. Llegar a equilibrar el amor propio y el mutuo para, a la vez que estás queriendo a alguien, no dejar de quererte a ti mismo, y viceversa.
Entiendo que cuando alguien te pide que le recomiendes un texto tuyo prefieres que esa persona descubra tu obra por su cuenta, ya que no te gusta recomendar tu propio trabajo para evitar condicionar. Aun así me gustaría preguntarte: ¿hay alguna frase, verso o pensamiento propio al que regreses cuando las palabras escasean?
Recomendar un texto mío suena tanto a tener ego, que me descoloca; sin embargo, hay dos poemas que me gusta especialmente. De esos que puedo leer y sentir cierto orgullo con ellos:
Y en cuanto a otras artes que disfrutes, ¿qué tipo de música te gusta oír? ¿Tienes alguna película favorita?
Con la música me he ido suavizando con los años. Siempre he escuchado música en español y siempre le he dado más importancia a la letras. En mi adolescencia, influido por mi hermano, escuchaba rock, sobre todo Extremoduro, también Platero y tú, que era la banda que tenía en aquellos tiempos Fito y Fitipaldis. Barricada, Reincidentes, La Polla Records, ese tipo de música transgresora. Luego he ido por un montón de cantautores, casi siempre con Sabina por bandera. He ampliado mi gusto, le doy también importancia a la melodía, sigo optando por el castellano y tengo una playlist bastante amplia. Lejos, muy lejos del reguetón. Y del pop que no diga nada. O se repita en exceso.
Ahora soy más de series que de películas. Tengo mi película favorita, porque se parece bastante a mi adolescencia. Se llama «Una historia del Bronx». Y mucho cariño por muchas otras, que podría ver muchas más veces de las que ya he visto. Ahora, por ejemplo, ando viendo la primera temporada de «True detective» otra vez porque sus diálogos no tienen desperdicio. Por lo general no soy muy comercial, aunque a veces hay que caer en ello, porque hay casos que, por calidad, son inevitables.
¿Qué significó para ti el hecho de que tu página de Facebook fue eliminada? ¿Cómo te afectó eso?
Mucho dolor. Como si me faltara un trozo. Perdí varios textos, que gracias a muchos de los que me seguían recuperé. Aquí una mención importante es para ti, que me salvaste gran parte de ellos. Recibí apoyo y cariño. Me quise gracias a gente a la que no he visto en mi vida. Así que, aunque fue un palo grande, la herida recibió el suficiente cariño para que se disipara.
¿A qué aspira en la vida Ernesto Pérez Vallejo? ¿O a estas alturas ya has conseguido lo que anhelabas?
A ver crecer a mi hijo feliz. Esa es mi mayor aspiración.
Nunca se consigue todo lo que se desea. Pero no puedo quejarme. No debo hacerlo. Estoy bien.
Fuera de la escritura, ¿cuál es tu pasatiempo favorito?
Casi todos los deportes. Aunque ya no practico ninguno. Veo bastante. También juego al póker. Me resulta un pasatiempo apasionante, lleno de matices, que poco a poco se está quitando esa etiqueta que poseía de juego de azar.
¿Cómo ves a la muerte? ¿Te asusta, te da igual, te conmueve?
Todo. Es curioso que el miedo a la muerte se va perdiendo con los años. Supongo que uno está mentalizado, desde pequeño, sobre que es algo que ocurre. Así que cada día es un paso más allá. Una especie de resistencia.
Sobre ella, me encantaría pensar que existe algo después. Debe ser la hostia de cómodo vivir así, como si hubiera otra oportunidad, y a la vez sentir menos tristeza, por los que se han ido. Hay pérdidas de las que uno jamás se recupera del todo.
¿Cómo te gustaría que los lectores te recuerden?
Tengo, respecto a esto, algo que puede sonar egoísta o incluso egocéntrico. Pero lo único que me gustaría es que, si me voy, no haya demasiada gente colocando mis textos por redes sociales y demás. Odio esa parte donde alguien fallece y la gente lo llena todo de sus frases, cuando jamás lo hicieron mientras estaba vivo. ¿Sabes lo que hubiera dado esa persona por contemplar eso en vida? Pasa en todos los ámbitos. Y pasa en todos los barrios. En todas las vidas. De repente alguien fallece y, o bien le hacen algún homenaje, o hablan maravillas de él. Maravillas que seguramente jamás le dijeron en vida. Y eso me resulta muy desolador. También la parte esa donde se perdona a través de la muerte, donde se te fue alguien al que le debías un abrazo que no le diste por alguna razón, casi siempre por orgullo.
En mi caso, y que conste que me lee una minoría —preciosa, de hecho—, y que no soy nadie —ni siquiera tengo hambre por cambiar esto último—, me jode pensar que gente que jamás hizo nada ni dijo nada por lo que escribo, lo dijera por la razón de que ya no pueda leerlo o escucharlo y mucho peor sentirlo.
Todo lo que no se dé en vida carece de bastante sentido.
¿Qué opinas del plagio? ¿Alguna vez te han plagiado?
Plagios sí, pero pequeños. Gente que me ha avisado que mis textos estaban en algún perfil, donde se proclamaban de autoría. O incluso alguna persona a la que le habían escrito mis poesías diciendo que eran suyas para conseguir algo a cambio. En cierto lugar que no recuerdo cuál me dijeron que el plagio es un modo de halago.
No creo que sea algo que esté bien. Pero tampoco me parece horrible, siempre y cuando no sea usado de un modo dañino. O que la mentira en sí cause algún tipo de dolor.
Desde aquí quiero darle las gracias a Ernesto por su tiempo, por su apertura y su amabilidad. Él es un referente para mí —y estoy seguro de que también para muchos más—, y ha influenciado en mi propia escritura de tal modo que siento una gratitud enorme por haberse animado a compartir su trabajo en internet.
Asimismo, los animo a seguirlo en su blog y su Instagram:
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